lunes, 22 de agosto de 2022
TÍO HELÍ
TÍO HELÍ
La llegada del doctor Rangel al pueblo estuvo precedida por un acto de bienvenida al que asistieron las autoridades civiles, militares y eclesiásticas. A pesar de haber nacido ahí mismo, había salido muy joven. Cuando terminó el bachillerato, partió a la capital a estudiar medicina, luego viajó a España, donde se especializo en pediatría, y cuando se sintió realizado en el campo profesional, decidió que era el momento de regresar a su pueblo natal.
Hijo de una prestigiosa y acaudalada familia de once hijos, de donde salieron hombres y mujeres dedicados en su mayoría a la docencia, fue el único que le dio por estudiar ciencias de la salud, aunque también hubo un sacerdote, una abogada que fue una gran líder revolucionaria y un borracho sin remedio.
El doctor Rangel, traía de Europa un coctel de vacunas, para que los niños del pueblo crecieran sanos y fuertes. Consistía en una combinación de poderosas vacunas fabricadas por reconocidos laboratorios farmacéuticos, que prevenían enfermedades que en otros ámbitos serían mortales, y que gracias al avance de la ciencia y la tecnología, ahora podrían quedar para siempre en el olvido. A las familias del pueblo, la idea les pareció sensacional.
Con mucho ingenio creó entonces, una afamada campaña publicitaria denominada, “El niño más sano”, que consistía en que todos los niños del pueblo, se inscribieran en el consultorio del doctor Rangel, a fin de escoger al niño o la niña, que gracias a su extraordinaria condición de belleza y salud, ganara el título del bebé más sano, para que sirviera de ejemplo a los niños del pueblo, y por ende a sus familias, y de modelo para encabezar la imagen institucional del programa de vacunas del doctor Rangel, razón principal del regreso triunfante del médico a su pueblo.
El premio no podía ser mejor. Se trataba de una provisión completa de vacunas, que incluía la inoculación de agentes patógenos que servían para prevenir enfermedades como la poliomielitis, la difteria, el tétano, el sarampión, la rubeola y la parotiditis, todo de acuerdo con un cronograma previamente establecido por las autoridades sanitarias internacionales. Estas enfermedades causaban mucho dolor por aquellos tiempos, tanto en los niños como en sus familias, y en repetidas ocasiones desembocaban inclusive en la muerte. Su prevención significaba un gran alivio para las familias.
Conchita y Manuel que tenían un bebé llamado Helí, que iba a cumplir los 18 meses, vieron en el concurso una magnífica oportunidad de brindarle a su pequeño hijo el programa de vacunación que en situación normal no podrían brindarle debido a sus escasos recursos.
Así fue como se acercaron al consultorio del doctor Rangel, un recinto lujoso ubicado frente al parque principal del pueblo, para inscribir a Helí en el concurso, y al igual que ellos, otras muchas familias también lo hicieron, desde las más prestantes hasta las más humildes.
El concurso tuvo un gran impacto en la población; incluso, durante algunos días, no se hablaba de otra cosa, que hasta en la misa, el cura hacía referencia a la necesidad de cuidar a los bebés y ponía como ejemplo para aclimatar el discurso, el novedoso concurso de “El niño más sano”, idea concebida por el alma caritativa y generosa del eminente doctor Rangel, honor y gloria del pueblo entero.
Después de hechas las relativas inscripciones, y tras el cumplimiento de los respectivos requerimientos, se pasó a tomar los registros pertinentes de cada niño, en ellos se midieron elementos básicos como el peso y la estatura, la historia médica y la condición social, entre otros.
Finalmente llegó la fecha del veredicto, y tras una decisión bastante reñida, el mismo doctor Rangel dictaminó que por sus condiciones generales, el ganador del concurso de “El niño más sano” era Helí, el hijo de Conchita y Manuel, un niño de 18 meses que terminó enamorando a todo el pueblo con su mirada tierna y su sonrisa encantadora. Al final de cuentas, todos se sintieron identificados con el resultado y terminaron aceptándolo, como justo. De igual manera, el pediatra invitó a los padres de familia, a vacunar a sus niños, para preservarlos de peligrosas enfermedades futuras.
El premio resultó fatal. El niño no resistió el poderoso coctel. Tras la aplicación de las vacunas, Helí comenzó a padecer una fiebre muy alta, debido a una infección generalizada, que fue invadiendo rápidamente su cuerpecito. Tras consultar con el doctor Rangel, el niño fue ingresado al hospital del pueblo, donde murió casi 24 horas después de haber recibido unas vacunas que habían de preservarlo de las terribles enfermedades, que habrían podido inclusive ocasionarle la muerte. Así terminó la historia de “El niño más sano” y del afamado doctor Rangel y su concebido programa.
FIN
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