jueves, 21 de mayo de 2026
MÁS ALLÁ DE LO HUMANAMENTE POSIBLE
MÁS ALLÁ DE LO HUMANAMENTE POSIBLE
Querido Isidro, estimado hermano. A raíz de todo lo que andan diciendo en los medios comunicativos y las redes sociales, quiero contarte toda la verdad de lo que ha sucedido.
Todo empezó cuando Ana María, la mayor de las gemelas, se enamoró de un tal Fabricio, el cual mis hijas habían conocido desde mucho antes. Este individuo es de muy buena familia, son dueños de una cadena de restaurantes de comidas rápidas, gente de mucha plata, además que el tipo era muy bien parecido, muy bien vestido y muy bien hablado.
Pues resulta que la relación entre los dos prosperó con rapidez, y de repente tomaron la decisión de irse a vivir. Yo le pregunté a ella que por qué no se casaban y ella me dijo que no lo hacían porque ni él ni su familia, practicaban religión alguna, entonces le insinué que lo hicieran por la ley civil, pero me respondió que a él le molestaba ese tipo de eventos, tan sólo acordaron hacer las capitulaciones que llaman.
A mí sinceramente no me gustó para nada la idea, lo uno porque el tipo pertenecía a otro mundo, lo otro porque todo había sido muy rápido, lo otro por haber actuado tan deportivamente, y lo otro y más importante, porque percibí en Fabricio actitudes muy extrañas.
Ya viviendo los dos, un día Ana María vino a nuestra casa de madrugada, diciendo que el tal le había pegado, y que toda la cortesía que él mostraba era una farsa. La mamá le preguntó que por qué el tipo había reaccionado así y ella le dijo que, por una tontería, que todo fue porque él le preguntó si le gustaba la canción “Chiquitita” del grupo “Abba”, y ella le dijo que no, de inmediato se tornó agresivo y violento, y terminó golpeándola.
Pero lo peor estaba por venir. La mañana del 19 de septiembre, a eso de las diez, nos llegó la infausta noticia de que nuestra hija se había suicidado, tirándose del apartamento en el que ellos vivían, el cual estaba ubicado en el piso 21. Aunque los vecinos dijeron que el individuo se la pasaba maltratándola y humillándola, lo único cierto fue que la familia de él, logró contratar no a uno sino a varios de los mejores abogados penalistas, liberándolo de inmediato de cualquier culpa y mostrándolo más bien como una víctima del dolor causado por la desaparición de su compañera.
Después sucedió lo que nadie hubiera imaginado. Que mi hija Mariana, la otra gemela, se acercó a él con el fin de indagar sobre el acontecer de su hermana, para dilucidar lo acaecido, pues como bien es sabido, el amor de los gemelos es entrañable y a nadie pudo haberle dolido tanto la pérdida de Ana María como a Mariana. En medio de esa cercanía resultó mi hija enamorada también del tal Fabricio ese.
Yo pensaba que esto era una locura y hablaba con mi mujer que esta situación no podía estar ocurriendo, y por más que buscábamos respuestas lógicas no éramos capaces de hallarlas. Pues dicho y hecho, que, con una velocidad inexplicable, estaban los dos viviendo, otra vez en el mismo apartamento, con el mismo procedimiento, sin matrimonio y con capitulaciones, que era lo que el tipo le daba verdadera importancia, y mi hija hasta se enfrentó con nosotros, con sus amistades y hasta con la sociedad misma, defendiendo ese amor tan misterioso, que nadie lograda comprender.
Un día vino Mariana a nuestra casa de madrugada, llorando porque el tipo le había pegado, al preguntarle la mamá la razón de la pelea, ella que nunca se había enterado de la verdad del incidente similar de su hermana, le contó a mi mujer que Fabricio le había preguntado si le gustaba la canción “Chiquitita” del grupo “Abba”, y al decirle ella que no le gustaba se había vuelto agresivo y violento. Yo sospeché lo peor y le pedí encarecidamente que no volviera con él, y hasta le ordenamos con decisión que no podía regresar, entonces fue cuando Mariana se sinceró con nosotros, y con desesperación nos dijo que ella estaba convencida de que Fabricio había matado a Ana María, y que tenía que vengar su muerte para calmar el dolor que la estaba consumiendo.
Nosotros le suplicamos que no lo hiciera, porque eso acabaría con su vida y de paso con la de nosotros, sin embargo, tomó la decisión y nosotros quedamos como pasmados, no nos dio tiempo ni de reaccionar, entonces vivíamos en la zozobra a cada instante, que esta muchacha que era todo cuanto nos quedaba, fuera acabar con la vida de ese miserable, en favor de su gemela.
Finalmente, nuestro presagio se hizo realidad, a la luz de todos, el 20 de marzo, casi seis meses después de la muerte de Ana María, nos llamaron para informarnos, que Mariana se había suicidado lanzándose de su apartamento ubicado en el piso 21. Nosotros quedamos estupefactos. Otra vez los vecinos atestiguaron de la mala vida que él tipo le daba, pero no hubo poder humano para encarcelarlo, gracias al grupo de abogados que lo asesoraron.
Yo sé que entender esta locura está más allá de lo humanamente posible, pero te pido que, si puedes, vengas y me acompañes, trae también a tu mujer para que acompañe a la mía, cuando tengan que ir a visitarnos a la cárcel.
FIN
Suscribirse a:
Entradas (Atom)