viernes, 22 de abril de 2022
LOS SENTIMIENTOS
LOS SENTIMIENTOS
A Paloma le tomó veintiocho años, exactamente los veintiocho años de su vida, para conocer el verdadero poder del fuego, era una hoguera voraz que quemaba con ardor insoportable el interior de sus entrañas, un pavoroso incendio desatado de manera espontánea desde las diversas proximidades de su ser, envolviéndola de manera inclemente, y que terminó consumiendo toda su existencia. Las llamaradas portentosas que se levantaban invencibles alimentaban su apetito insaciable a cada instante, un deseo incontrolable por aquella figura angelical que había conocido apenas unos días antes.
No siempre fue así. Entregada incondicionalmente a su esposo, a sus hijos, a su hogar, y a su trabajo, el diario vivir de Paloma transcurría sin ninguna sorpresa, aguardando siempre que un hecho inesperado rompiera esa rutina escabrosa en la que estaba sumida, imaginando mejores mañanas, aventuras inexistentes, probabilidades difuminadas, emociones efímeras, soñando hasta lo imposible, refugiándose inclusive en la absurda idea de la comparación ajena pero ni en lo más recóndito de su mente considerando que el bálsamo que habría de revitalizarla llegaría en la forma que vino.
Para Paloma lo más emocionante de todos los días, era levantarse bien temprano en la mañana, preparar el desayuno de la familia, dejar hecho el almuerzo, hacer el aseo de la casa, lavar la ropa, bañarse y arreglarse, salir al trabajo, llegar del trabajo corriendo para calentar y servir el almuerzo, lavar la loza del día, salir de nuevo a trabajar, llegar en la noche del trabajo, preparar la comida, ayudarle a los niños con sus tareas, asear de nuevo la casa, y al filo de la media noche planchar la ropa de todos para el día siguiente, y cuando sentía que no daba más, se encontraba con el reclamo airado de su esposo que en ese devenir diario, se sentía el más abandonado de todos, porque su deseo marital no era atendido por la “desnaturalizada” mujer.
Esa rutina se repetía casi todos los días del año, con algunas variaciones cuando los niños no tenían clase, o cuando algún festivo de suma importancia como un 1 de enero lo ameritaba. De resto igual, siempre lo mismo. Poco a poco Paloma empezó a sentirse cansada, una ola de desánimo que crecía vertiginosamente la fue invadiendo y se sintió en las puertas del infierno, una situación en la que lo mejor que podía pasarle era morirse.
Y cuando creyó que su caída al abismo era inevitable sucedió lo que parecía imposible, que un detalle tan pequeño como una curiosidad repentina lograra reanimarla. Sucedió una mañana tibia de octubre mientras iba en el autobús para el trabajo. Reparó en que una mujer un poco más joven que ella, que todos los días tomaba el autobús después de ella pero se quedaba antes que ella, compartía con la misma Paloma un particular detalle que jamás había advertido en alguien más, lo cual la hizo pensar que se trataba de una extraordinaria coincidencia, la mujer llevaba en el dedo anular de su mano izquierda un anillo con un delfín rosado que sonreía espléndidamente, además percibió también que tenía en el dedo anular de la mano derecha una argolla nupcial igual a la suya, que las acreditaba como mujeres del exclusivo club de las casadas. De manera inevitable consideró que, ante tal similitud, sus almas gemelas, emparentadas desde siempre por el destino estaban íntimamente ligadas, y se propuso conocerla más a fondo.
Ante tal incertidumbre decidió que debía abordarla, y tras imaginar la situación ideal en la que debería acercarse para entablar una conversación, se dejó obnubilar por la posibilidad de que una nueva amistad podría traerle algo de oxígeno a su sofocada existencia.
Aconteció que una mañana cualquiera después de haber descubierto el detalle que las hermanaba, la mujer no se quedó antes que Paloma, como siempre lo hacía, sino que esperó más adelante y al notar que Paloma se iba a bajar del autobús, ella se dirigió pronto hasta la puerta y se bajó primero, luego extendió su mano para brindarle un apoyo a Paloma, quien se sintió cautivada con el acto de cortesía.
De pronto las dos sonrieron, y sus miradas se cruzaron intempestivamente, y el roce de las manos ocasionó en Paloma un corto circuito, que encendió la llama de la pasión, su corazón comenzó a palpitar con fuerza y rapidez inusitadas, como un caballo dispuesto a ganar una carrera. De repente, un sentimiento extraño comenzó a forjarse en lo más profundo de su corazón, y un deseo incontrolable por esa carne tierna y jugosa que tenía el sabor del paraíso, la aprisionó sin compasión alguna, avizorando en esas manos cálidas y suaves, la ilusión que algún día había abrigado.
Lo último que se supo de Paloma y Briseida fue que lograron romper las cadenas infames que las ataban a la tristeza y dejaron todo atrás, partiendo juntas para el fin del mundo donde por fin conocieron el verdadero significado de la palabra felicidad, en tanto que la humanidad presenciaba la más grande demostración de amor y la prueba fehaciente que les permitiría dilucidar los sentimientos de cariño y ternura que habría de abrazarlas eternamente.
FIN
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