martes, 15 de marzo de 2022
LA CELEBRACIÓN
LA CELEBRACIÓN
Carlito no pudo aguantar las ganas de llorar cuando observó que el árbitro se llevó el pito a la boca y señaló la mitad del campo de juego, decretando la finalización del partido, y, por ende, la derrota de su amado equipo. La ilusión había terminado.
Para Carlo, su padre, que desde siempre le enseñó que bastaba la fe, la confianza, la seguridad y el optimismo para alcanzar las cosas, era una verdadera tragedia. No sólo porque su teoría estaba desvirtuada sino porque el sufrimiento de su hijo, en verdad lo estaba matando.
Carlito tenía ocho años, y desde muy pequeño, su padre le había inculcado el amor por su equipo del alma: el Atlético. Esta era la primera vez que lo verían al borde de alcanzar algo importante en su larga trayectoria, pero todo se quedó en la ilusión de verlo triunfar.
Ahora el niño estaba ahí, tirado en el piso, llorando amargamente, como si le hubieran pegado o como si le hubieran arrebatado lo más importante de su vida. Para Carlo, ver a su pequeño en ese lamentable estado era tan doloroso como suficiente para comprender cuánto estaba sufriendo.
La “COPA DEL TIGRE”, era un torneo que todos los años se celebraba entre los mejores equipos de cada confederación de fútbol, que tuvieran como característica principal que su uniforme fuera pantaloneta negra y camiseta con rayas negras y amarillas, como un tigre.
El Atlético había ganado este año el derecho a representar a Suramérica en el campeonato gracias a haber sido el año anterior, el club mejor clasificado entre los que cumplían el requisito del uniforme. De esta manera “sublime” se encaminó en el reto de representar a nuestra tierra en la siempre difícil misión de alcanzar el título, para honor y gloria de quienes vivían en este pedacito de paraíso, tan amado por unos y despreciado por otros.
Era la primera vez que el Atlético iba a participar en este certamen y más de un aficionado estaba pesimista en torno al papel que “el tigre de Suramérica” de este año, pudiera desempeñar en esta edición. Algunos preferían no desesperarse en la malsana idea de las grandes goleadas, de las vergonzosas presentaciones y hasta de las posibles humillaciones que tendríamos que soportar. Los de mayor positivismo situaban su regreso tras la “grandiosa hazaña” de haber pasado la primera ronda. Pero para Carlo y Carlito sucedía lo contrario, a pesar de su pobre y corta nómina, y de sus escasos recursos humanos y técnicos, daban por descontado que el equipo sería el campeón, gracias a su inquebrantable valor y espíritu de lucha.
Por eso no fue sorpresa para ellos ver a su equipo llegar a esta instancia. Con pundonor y sobre todo con mucha suerte, el Atlético fue doblegando a cada uno de sus rivales hasta llegar a la final con “el tigre de Europa”, abriendo una puerta de alegría para todos los que desde este lado del océano anhelaban verlo campeón, aunque para algunos fuera un simple desconocido, colado en una fiesta de grandes, ricos y famosos.
El día de la final, los muchachos de la casa asumieron sus labores bien temprano. En tanto que mamá y hermana iban de compras, ellos se hicieron cargo del aseo, para tener todo listo y en orden a la hora del partido, con el único propósito de ver salir campeón a su equipo.
Pero todo fue diferente, el equipo se descompuso. No valió que el día anterior papá e hijo hubieran ido a misa para pedirle a Dios que le diera una ayudita al Atlético y que pudiera quedar campeón, ni que hubieran ofrecido un desayuno a todos los desvalidos del barrio, con tal de verlo consagrarse.
Si el árbitro no pita, le hubieran metido más. Pero con esos cuatro fue más que suficiente. Carlito recostó su cara contra el piso mientras lloraba desconsolado. Carlo estupefacto, buscaba una respuesta lógica, mientras miraba todo a su alrededor como constatando la ingrata realidad.
Carlo tuvo una brillante idea. Gracias a las ayudas que la tecnología nos ofrece hoy en día, logró armar una presentación muy original en la que el Atlético se coronaba campeón gracias a que el contrario supuestamente había cometido el error de alinear a un jugador inhabilitado, lo cual era motivo suficiente para descalificarlo. Ambientó todo lo editado en los principales medios de comunicación y haciendo uso apropiado de las redes sociales, invitó al niño y de paso a toda la hinchada, a que con sus propios ojos pudieran comprobar la noticia del título. La ciudad entera, la provincia entera, el país entero, salió a celebrar. Una celebración que se prolongó hasta cuando las autoridades finalmente pudieron explicar que todo había sido producto de la desinformación, y que, por tanto, el verdadero ganador de la “COPA DEL TIGRE” era el tigre de Europa.
Lástima los casi 100 muertos, los más de 300 heridos, los casi 600 lesionados, los más de 1200 detenidos, y los miles de millones de pesos en pérdidas que dejó la celebración, demostración inequívoca de todo lo que un padre es capaz de hacer por amor a un hijo.
FIN
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