sábado, 1 de enero de 2022
FRENTE FRÍO EN MEDIO DEL VERANO
FRENTE FRÍO EN MEDIO DEL VERANO
Antonio Ascanio y su bella y encantadora esposa Paola Telma, salieron temprano como todos los viernes de sus respectivos trabajos, fueron a cenar a “El Mediterráneo” y partieron presurosos a su apartamento donde los esperaba un dulce y sensual encuentro.
Desde hacía unos meses estaba sucediendo lo mismo, una luna de miel que se prolongaba en el tiempo, todos los viernes de cada semana, repitiendo cada sesión con la exactitud del ritual que se antepone pero con las variables infinitas que la seducción y la excitación suelen provocar en las personas que se gustan y que se atraen poderosamente, una prueba inequívoca de las sensaciones que albergan quienes verdaderamente se aman.
Estaban instalados en aquel pasaje del romance fecundo en el cual, el amor logra esconder las imperfecciones del espíritu, saturando de pasión y lujuria cada movimiento y cada palabra, en esta instancia no se pierde el tiempo en banalidades, sino que se aprovecha para recorrer cada poro y cada pliegue, para compartir el aliento y el sudor que produce el ardor del goce y del placer, donde el éxtasis se apropia de la condición humana.
Pero aquella noche de calor tendría algo especial. Las variaciones que parecían inagotables, encontrarían un ingrediente nuevo. La sección de sexo de aquella noche venía cargada de un elemento rojo y vivo, primordial y fundamental, que atemoriza con su sola presencia.
Todo funcionó de la mejor manera posible. La entrega total de dos personas que se gustan, que se desean, que se aman y que se desinhiben ante el sexo, da como resultado una formidable muestra de placer en la que los dos protagonistas alcanzan su recompensa, una descomunal mezcla de sensaciones cuya única proclama es el agradecimiento de estar en ese lugar y en ese momento, en esa situación y con esa persona.
Lo de esa noche fue una demostración del mejor sexo. Una faena que se prolongó durante varias horas, trajo consigo el obvio cansancio del esfuerzo realizado. Casi rendidos pero realizados, sus bocas y sus cuerpos terminaron entrelazados en una combinación de esencias, a la vez que sus labios y sus mentes sucumbieron ante un genuino y espontáneo “te amo” y como acto reflejo, un sincero y decidido “y yo a vos”.
De ahí en adelante, todo cambió de forma inesperada. Paola Telma, se levantó para ir al baño a orinar y bañarse la boca, para acostarse a descansar fresca y relajada. Al salir, le correspondió el turno a su esposo. Fue al baño a orinar y bañarse la boca también, Pero Antonio, notó algo más. Percibió que el tubo de la pasta dental había sido oprimido en su parte central, dejando al descubierto una depresión en su superficie a la altura media del tubo, que le generaba una inexplicable pero agresiva sensación de estrés y fastidio.
-Paola, el tubo de la crema dental se oprime desde abajo, para hacer subir la pasta lentamente, nunca desde arriba o desde el medio- esgrimió Antonio.
Paola no contestó. Empezaba a quedarse dormida.
-¡Paola!- gritó Antonio con afán inusitado.
-¿Qué estupidez estás diciendo?- aseveró Paola, con tono de disgusto.
-¡Ah! Entonces pensás que es una estupidez- agregó Antonio.
-Tenés que saber que es algo que me molesta y que espero no se repita- añadió Antonio en tono desafiante.
Paola se levantó de manera agitada y se sentó en la cama, sus ojos bien abiertos confirmaban que su sueño había quedado en el pasado.
-¿De qué me estás hablando, Antonio? -preguntó Paola desconcertada, y luego agregó de forma irónica:
-Es ridículo que estés peleando por eso.
-Ridículo ha sido que me haya casado con vos, que no sos más una buena para nada, maldita perra.
-La única buena para nada en este mundo es la perra que te parió.
Antonio estalló en cólera y le mandó el tubo de la pasta con violencia a Paola por la cara, golpeándola en el pómulo, Paola le lanzó con fuerza el tubo a Antonio, pero este se agachó y el tubo se estrelló contra el espejo del baño, rompiéndolo en mil pedazos. Varias esquirlas se enterraron en el cuerpo de Antonio, y una en particular le cortó el rostro.
Un Antonio poseído se abalanzó entonces contra Paola que permanecía en la cama, tomó el trozo más grande de vidrió y lo enterró con desenfreno en el cuerpo de su esposa, con la última gota de fuerza, Paola logró quitarle el vidrio a Antonio y se lo insertó en la aorta, y la hizo estallar en sangre como una fuente a presión, embadurnando cada rincon de la habitación, la sábana blanca ahora lucía roja, Antonio había quedado tendido encima de Paola, ambos con los ojos abiertos y la mirada perdida de los amantes que reciben un frente frío en medio del verano.
FIN
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