miércoles, 18 de febrero de 2026
SINGULARIDAD MÁS ALLÁ DE LA PLURALIDAD
SINGULARIDAD MÁS ALLÁ DE LA PLURALIDAD
El eminente científico ruso Iván Blasov había llegado a la ciudad, para iniciar labores como decano de la facultad de ciencias naturales de la Universidad del Gran Santander, UDGS, facultad que comprendía las escuelas de astronomía, biología, ecología, física, geología y química. El profesor había alcanzado su pregrado con la diplomatura de tres años en biología y la licenciatura de tres años en zoología, y su posgrado con el masterado de tres años en mamiferología y el doctorado de tres años en felinología, 12 años dedicados al estudio de la vida, de los animales, de los mamíferos y de los félidos, en particular.
Si en algún momento de su vida académica llegó a interesarse por la fitología, ello quedó desvirtuado por la presencia de gatos en su casa, el particular comportamiento de estos seres maravillosos lo llevó a interesarse por estas criaturas que consideraba fuertemente relacionadas con la intelectualidad. Admiraba sus atributos físicos, emocionales, sensoriales y hasta espirituales como una valiosa inspiración de la naturaleza, aunque como buen científico dudaba seriamente de la existencia de un ser superior, con frecuencia aseveraba que si Dios existiera sería como un gato, y dejaba escapar una risa arrolladora, que le daba fuerza a su expresión, declaración que por obvias razones caía muy fuerte entre los sectores más conservadores.
El doctor Iván Blasov era célebre por haber elaborado la actual y ya oficial organización taxonómica de la familia de los félidos, que comprendía desde los pequeños gatos (felinos) hasta los grandes gatos (panterinos), tarea nada fácil teniendo en cuenta las diversas interpretaciones que los entes científicos, individuales y colectivos, tenían sobre el tema; investigando rigurosamente pudo unificar los criterios de la UICN y de todos los estamentos científicos para lograr la división de la familia que era actualmente usada en todos los ámbitos del conocimiento.
De acuerdo con él, la familia Felidae estaba compuesta por 2 subfamilias, 14 géneros, 42 especies y 70 subespecies, dejando establecido la organización taxonómica de la familia de la siguiente manera: Reino, Animalia; Filo, Chordata; clase, Mammalia; orden, Carnívora; suborden, Feliformia; familia, Felidae. El mayor logro de esta clasificación fue haber podido demostrar que el gato doméstico era una especie del genero Felis (Felis catus) y no una subespecie de la especie Felis silvestris (Felis silvestris catus), con lo cual su propuesta ganó muchos adeptos y una aceptación unánime.
El lunes por la mañana, después de Semana Santa, vino a la oficina un joven estudiante del programa de ecología de apellido Brochero, requería con suma urgencia al profesor porque necesitaba comentarle algo que estaba sucediendo en su apartaestudio. La asistente no quería dejarlo pasar pues sabía que Blasov necesitaba elaborar un informe con rapidez, ya que debía entregarlo antes de mediodía, pero como el docente, sintiera la afugia de Brochero de hablar con él, él mismo decidió asomarse y hacerlo pasar. Brochero, era en realidad, un muchacho común y corriente, sin nada en particular, ni alto ni bajo, ni bonito ni feo, ni blanco ni negro, ni gordo ni flaco; en cambio, él sí se sorprendió al ver al científico, pues no lo conocía personalmente, pero le pareció mucho más grande y mucho más ruso de lo que realmente se veía en la foto. El decano lo hizo seguir, y al tomar asiento, pidió un café para el estudiante.
En el apartaestudio de Brochero, el lunes pasado comenzó a aparecer una estructura muy extraña, algo así como un punto negro en el centro de la sala, al principio creyó que se trataba de una araña, justo al frente suyo, entre el sofá y el televisor, se acercó a observarlo, pero no lo tocó, y pasó el hecho inadvertido. Al día siguiente, al despertar, lo primero que hizo fue venir a observar el misterio, estaba en el mismo sitio, pero le pareció que ahora estaba un poco más grande, según su criterio, al principio debía tener de diámetro algo así, como 1 milímetro, así siguió toda la semana, la misma estructura, un punto negro en el mismo lugar, pero cada vez un poco más grande. Ocho días después, el lunes siguiente, justo al salir de casa para ir a la universidad, después de unas reparadoras vacaciones de Semana Santa, ya medía 102 milímetros. Por eso, decidió ir en búsqueda del profesor Blasov.
El muchacho tenía la leve impresión de estar ante un fenómeno físico y astronómico de gran relevancia, y después de la descripción, Blasov compartió esa misma consideración. “Por ahora, no lo toque”, le dijo el profesor a Brochero. Y después agregó, “Uno no sabe de qué pueda tratarse”. Quedaron de verse en el apartaestudio del muchacho al siguiente día, pero por una u otra razón, el encuentro solo pudo concretarse hasta el viernes de esa semana. Para ese entonces, la estructura ya no era un punto, era un agujero que medía 102 centímetros de diámetro y 1 milímetro de grosor.
El científico estaba fascinado. Jamás había visto nada parecido, ni en su larga trayectoria como hombre de ciencia había observado algo como eso. Le dio una larga cátedra de divulgación científica al muchacho, pero lo más importante que le dijo fue que no le fuera a contar a nadie, nada sobre el misterioso orificio, que no lo fuera a tocar, y que ya mismo iba a nombrar una comisión de prestigiosos docentes de su facultad para realizar una inspección a la estructura. El muchacho, profundamente intrigado, solicitó su opinión sobre el misterioso objeto, que ya ni siquiera sabía si era un punto, un orificio, un agujero, una estructura, o quién sabe qué cosa, y el profesor, prácticamente comprometido, emitió su concepto con absoluta convicción, ¡Un micro agujero negro!
De ahí en adelante, Blasov se concentró solo en el tema, nombró la comisión encargada de la investigación, la cual quedó conformada por las directoras de las escuelas de biología, química, geología y ecología, y los directores de las escuelas de física y astronomía; así como por las coordinadoras de las escuelas de física y astronomía, el profesor titular de la asignatura de astrofísica, y él mismo, en su calidad de decano de la facultad de ciencias naturales.
Profundamente consternado por el misterio, Brochero decidió investigar el alcance del agujero, y contradiciendo las recomendaciones de los especialistas de no tocar el objeto, decidió conocer la naturaleza del mismo. El orificio, que a esta altura ya medía más de 1 metro, que se encontraba justo en el centro de la sala, sin encontrarse en ninguna superficie, deambulando en el ambiente, suspendido en el aire, sin sujetarse de nada, seguía creciendo, pero cuya profundidad se mantenía casi igual, más o menos 1 milímetro, iba a ser motivo de experimento por parte suya.
Lo primero que Brochero hizo fue consultar con las inteligencias artificiales, la naturaleza del fenómeno que estaba sucediendo en este preciso instante, por allá en la sala de su casa, les formuló la misma pregunta a las principales diez inteligencias artificiales acerca de qué se trataba todo aquello, y las diez coincidieron en que se trataba de una locura, que esto no era posible, por lo tanto, se trataba de una alteración psicológica o de una broma pesada.
Lo que se le ocurrió a Brochero fue introducir el palo de la escoba dentro del agujero para ver qué le sucedía, la sorpresa de Brochero fue mayúscula, porque a pesar de que la profundidad de la abertura era de aproximadamente 1 milímetro y la escoba medía 1,50 metros, el palo de la escoba no logró traspasar el objeto, la escoba no logró asomarse al otro lado, a pesar de que la había sumergido toda, entonces la descripción era difícil, algo así como un hueco vacío, suspendido en el aire. En sí, a la escoba no le pasó absolutamente nada, no presentó ningún cambio en su composición química o física, pero era extremadamente raro, que, a pesar de las dimensiones, no hubiera logrado traspasar el orificio.
Al siguiente día, llegaron todos los miembros de la comisión, el decano, los directores, los coordinadores y el profesor, a las 08.08 hicieron su entrada triunfal en el humilde apartaestudio de Brochero, para ver con sus propios sentidos de qué se trataba toda esta locura, en ese momento, las medidas exactas del agujero eran 1.080 milímetros de diámetro y 0,996 milímetros de profundidad. Era de color oscuro, casi negro, y no producía olor ni ruido alguno.
Algo de lo que más les llamó la atención fue la extraordinaria precisión de su circunferencia, todos coincidían en que nunca habían visto algo tan redondo como ese extraño artilugio que la naturaleza había dibujado en el centro del cubo que correspondía a la sala del apartaestudio donde vivía un estudiante de ecología de la UDGS. Brochero nunca había reparado en ese hecho, habló sobre su experiencia con la escoba, y llevó a cabo el experimento frente a ellos en ese mismo instante, al ver la prueba ante sus propios ojos, callaron súbitamente, porque comprendieron que en verdad estaban ante un magno acontecimiento que seguramente iba a cambiar la historia de la ciencia, de la Tierra y del Universo entero. Eso era algo innegable.
Nadie se atrevía a decir nada. Sobre todo, después del lance de la escoba introducida totalmente en el orificio, que, a pesar de su tamaño, no lograba traspasar el objeto. El profesor de astrofísica por fin dijo algo, insinuó que en alguna ocasión, él había leído sobre “Túneles del tiempo”, que se abrían esporádicamente en cualquier punto del universo, y los describían como objetos redondos, ajenos a los patrones de los sentidos humanos, íntimamente relacionados con el horizonte de eventos, referenciado en el vórtice de los agujeros negros, que crecía de forma desmedida hasta alcanzar limites descomunales, e incluso que algunos autores habían sostenido, que así había nacido TON 618 y otros objetos oscuros extremadamente colosales.
La Comisión convino una serie de recomendaciones que debían cumplirse a plenitud a partir de ese instante. Por ningún motivo debía tocarse el objeto, crear una comisión interdisciplinaria mucho más amplia, aprovechando los contactos globales de Blasov y manejar con mucha discreción el tema mediático, no fuera a ser que esto se convirtiera en una peregrinación de medios comunicativos ni redes sociales. El principal implicado, el estudiante que residía en el lugar del fenómeno fue el primero en aceptar las recomendaciones; a sabiendas, de que en cualquier momento podía verse afectada su tranquilidad.
A partir de ese momento, Brochero comenzó a sentir miedo. Blasov le había dado su número de celular personal, para que, ante cualquier situación, lo llamara de inmediato, pero, aun así, en la profundidad de su ser, el estudiante se sintió altamente preocupado. Era cierto que el agujero o el espejo, o lo que fuera, estaba creciendo, lo hacía lenta y paulatinamente, pero era evidente que iba a tener que salir de allí, ya presentía que el lugar iba a convertirse en una especie de santuario, visitado por curiosos, periodistas, científicos y autoridades. El único propósito del joven estudiante era ser un ecólogo, un profesional dedicado a la investigación y la preservación de los ecosistemas, para el bienestar de la naturaleza y de los seres vivos en general.
Esa misma noche, en medio de la desesperación, Brochero se acercó al orificio, y sintió la necesidad de averiguar que había más allá de esa superficie oscura, entonces decidió arrojar una hoja de papel envuelto y convertido en una bola corrugada al fondo del fenómeno. No pasó nada. El papel quedó en el interior del objeto, no hubo ruido, ni olor, ni reacción, ni nada. Quedó allí enterrado, quedó atrapado en su interior. El agujero se lo había tragado. El muchacho estuvo observando, y al ver que no sucedía nada, se fue a su habitación. De repente, un sonido llamó su atención, el ruido de la bola de papel estrujado cayendo al suelo de la sala, había roto su desdén. Efectivamente, el papel había sido vomitado por el objeto. Dos cosas vinieron a la mente del estudiante, publicarlo en sus redes sociales y hacer un experimento, puesto que el papel había sido devuelto aproximadamente una hora después, él mismo iba a entrar al agujero, para ver cómo iba a salir, justo una hora después, y qué había visto en el interior del fenómeno.
Antes de eso, Brochero volvió a medir el objeto, y observó que en poco tiempo había crecido mucho más, aunque sus medidas no eran tan precisas porque eran realizadas no con instrumentos técnicos sino tradicionales, observó el diámetro en 144 centímetros y la profundidad en 1 milímetro. Entonces sin darle más vuelta al asunto decidido introducirse en el “Túnel del tiempo” descrito por el profesor de astrofísica de la carrera de astronomía de la UDGS, para averiguar qué había dentro de ese artificio, por qué las cosas no podían traspasarlo, y ubicó el celular justo al frente del objeto para que grabara todo el experimento, y así, poderlo observar al regresar, y le sirviera de demostración a la comisión científica creada para tal efecto.
Brochero vestía un yin azul y una camiseta blanca, antes de ingresar, acercó su rostro al objeto y agudizó sus sentidos para ver si percibía algo, pero no, no observó nada que llamara su atención, entonces con la fuerza inusitada del hombre que con valentía decide enfrentar la vida y escribir su propio destino, introdujo su pierna izquierda, y viendo que era ya inevitable seguir adelante, introdujo también la derecha, y se halló de repente inmerso en un orificio increíblemente oscuro, que de manera caprichosa había surgido en la sala de su casa, quién sabe por qué y para qué.
Estaba en la ciudad, la reconoció plenamente tan pronto traspasó la entrada, al principio fue un paso corto, como quien entra a un túnel, pero fue un paso muy leve, quizás de un metro o menos, y luego la entrada triunfal a su ciudad, exactamente igual a como estaba en la actualidad, pero había algo más que le llamó la atención, todo se encontraba detenido, como si el tiempo se hubiera congelado, Brochero sabía que todo era real, que no estaba soñando, entonces tomó fuerza la teoría del profesor de astrofísica acerca de los “Túneles del tiempo”, descritos por algunos autores en el vórtice del horizonte de eventos que suelen preceder a los agujeros negros, lo cual indicaba la versatilidad de este tipo de fenómenos cósmicos.
Tan pronto Brochero cruzó el umbral del túnel, apareció de repente en la radiante urbe que era su ciudad. Era un día maravilloso, el sol resplandecía como nunca, y el cielo azul apenas dejaba ver una que otra nube pequeña. En algún momento intentó mirar atrás y descubrió ahora el agujero desde la otra perspectiva, un gato dormía junto a una pequeña bola de papel estrujado que alguien había botado desde el otro lado, entonces él sin pensarlo, cogió la bola de papel y la tiró por el agujero con el ánimo de que traspasara y saliera por la otra cara, donde algún incauto seguramente la recogería pensando en quién había tirado eso o de dónde había salido. ¡El gato de Schrödinger!, pensó de inmediato y se sentó un momento en la acera, porque se sentía cansado.
Era la hora de tomar agua. Hacía mucho calor y la temperatura empezaba a hacer mella. Entonces fue a la tienda, el encargado permanecía quieto, una pareja que compartía una cerveza en una de las mesas, también estaba estática. En ese momento, Brochero se detuvo a analizar la situación al detalle, si realmente estaban inmóviles o si tan solo le parecía, entonces recordó el gato, que tal vez tampoco se movía, pero no necesariamente por estar dormido. Miró todo a su alrededor, todo estaba detenido. Los autos, las motos, las bicis, las patis, las personas. Estaba al frente de un parque y todo estaba absolutamente inamovible. Brochero estaba sin palabras. Entonces entró en un dilema ético, lo más importante en ese momento era calmar la sed que lo estaba aturdiendo.
Una serie de preguntas surgieron en lo más profundo de su ser. ¿Entraba a la tienda y sacaba el agua? ¿a quién se la pagaba? ¿no la pagaba? ¿no entraba a sacar el agua? Estaba toda la tienda a su total disposición, y si lo hacía, ¿y todo adquiría movimiento de nuevo? ¿qué haría ante esa eventualidad? En esa inquietud dialéctica se hallaba enfrascado hasta que finalmente triunfó su instinto de supervivencia, y la falta de líquido, lo obligó a ir por ella. Entonces entró y sacó una botella de agua. Si todo volviera a la normalidad, tan solo diría la verdad y la pagaría sin más reparos. Disfrutó una rica y refrescante botella de agua fría que le quitó la sed de inmediato, pero quedó absorto con la idea de haber hecho el más grande de los descubrimientos, un hecho que podría convertirlo inclusive en el amo absoluto del mundo, en eso pensaba mientras recorría tranquilamente ese sector de la ciudad, constatando que efectivamente todo permanecía inmóvil, que todos los seres vivos estaban como congelados, como si de repente el tiempo se hubiera detenido.
Mil cosas pasaron por la mente de Brochero. Puesto que la ciudad permanecía inmóvil, casi como si estuviera vacía, aunque en realidad estuviera llena, el futuro ecólogo sabía que tenía total disposición de ella. El reloj de Brochero se detuvo a las 09:27, una hora de pleno ajetreo social; es decir, una hora en que todo está funcionando a plenitud, los negocios, las empresas, los hogares, los comercios, las instituciones, las oficinas, y por supuesto, los bancos.
Entonces tuvo la idea de ir al sector de los bancos. Las entidades financieras estaban a reventar. Pero todo estaba igual, congelado en el tiempo. Los cajeros, los clientes, los directivos, los asesores, todos estáticos. Se pasó hábilmente por las cajas, observando cuidadosamente el dinero; por curiosidad, tomó unos billetes de una de las cajas, y al ver que no había reacción, tomó todo el que había en todas las cajas, y como era tanto fue a la bodega de aseo y sacó una bolsa grande para guardar todo el dinero, y sacó varias bolsas más, e hizo el mismo recorrido en los demás bancos que había en el sector financiero de la ciudad, y desocupó las cajas, hasta que el peso de las bolsas llenas, no le permitió llevar más.
Caminando tranquilamente con seis bolsas negras grandes atiborradas de billetes por toda la zona financiera de la ciudad, Brochero pensó ahora en que podía entrar a los grandes almacenes de superficie y a los centros comerciales contiguos a la zona, sabía que debía tener muy presente el lugar de entrada, y tenía claro que había sido, más o menos, a una o dos cuadras del parque Bolívar, por toda la carrera 22, justo donde estaba ubicado su apartaestudio.
El joven estudiante consideraba que la repentina irrupción de un hipotético túnel del tiempo, en la mismísima sala de su hogar, le había significado un golpe de suerte más valioso que ganarse la lotería. Como hombre de ciencia, pensaba que mientras no hubiera cambios sustanciales, las condiciones actuales iban a permanecer intactas; es decir, no creía posible, que la gente despertara de su inmovilidad y que el mundo recuperara su movimiento, por lo tanto, su pensar era, aprovechar todos los recursos que tenía a su disposición para salir victorioso de ese túnel y regresar al presente.
En su paso por el centro comercial, Brochero tomó varias prendas de vestir, su gran debilidad eran los zapatos deportivos, pero aprovechó para llevar consigo también camisas, camisetas, pantalones, pantalonetas, medias, y otros accesorios como celulares y relojes, incluso joyas como cadenas, dijes, manillas y anillos, todo de diferentes tiendas, para que no se sintiera tanto el golpe, ahora además de las seis bolsas de billetes, traía también catorce cajas de ropa y cuatro bolsas originales con los accesorios y las joyas. Ahora faltaba el golpe mayor, para transportar todo su pedido, necesitaba un auto, el mejor de todos, entonces fue a la consignataria, y se encontró de frente con un fascinante y portentoso Camaro, rojo y brillante.
Era la primera vez que iba a conducir una nave. Tomó las llaves, y con el solo encendido, que sonó como el rugido de una fiera hambrienta, se sintió el amo del mundo. Ahora Brochero, guardó todas sus compras en el automóvil, prendió la radio y también el aire acondicionado, y mientras observaba los hermosos detalles del vehículo, tuvo un pensamiento extraño. En dicho pensamiento había cerrado un trato con la fuerza del Mal que dominaba el mundo, por medio del trato, esta fuerza le entregaría la suma de 666.666 pesos diarios hasta el fin de los días del entusiasmado estudiante, y él encantado, había cerrado dicho acuerdo, lo único que tenía que hacer a cambio era seguir ahí donde estaba, recorriendo la ciudad inmóvil y disfrutando todos sus beneficios. Brochero jamás imaginó que pudiera consagrarse de tal manera, y lo interpretó como la recompensa justa de todos sus sacrificios.
Sin embargo, puesto que Brochero había decidido dejar el celular antes de entrar al agujero, creía necesario, además, una evidencia de lo que había encontrado en el interior, por lo que el estudiante optó por ir hasta la universidad para dejar constancia al profesor Blasov, decano de la facultad de ciencias naturales. A esta altura, Brochero ya sabía que no era posible ingresar el auto por el cuerpo oscuro, debido a su tamaño, ya que la última vez que lo midió tenía tan solo 1,44 metros de diámetro, y no veía entonces probable, un crecimiento desmedido en un par de horas, quedaba entonces, la opción de disfrutar la conducción de la nave, y volverla a dejar en su sitio, y así hubiera crecido tanto el agujero, que pudiera ingresar con el vehículo, de regreso, iba a tener problemas, porque seguramente iba a aparecer como un automóvil robado, y él hasta podría ir a la cárcel, dando al traste con su sueño de ser ecólogo.
Para Brochero era absolutamente indispensable ir a la universidad, y dejar constancia ante Blasov que había estado en el interior del agujero negro, y que el consabido horizonte de eventos era en realidad un túnel del tiempo. Mientras escuchaba la radio, que curiosamente no estaba paralizada sino que sonaba una canción que empezaba y terminaba indefinidamente, y cuyo nombre según el tablero de la radio era “The elephant never forgets”, que le parecía conocida a pesar de no tener letra, mientras su pensamiento se entretenía en esa frivolidad, tuvo una ráfaga de lucidez que le produjo un descubrimiento sensacional, se trataba de lo siguiente, al igual que el espacio que tiene tres dimensiones, alto, largo y ancho, el tiempo también tenía tres dimensiones, pasado, presente y futuro; en el pasado, las ecuaciones daban un valor negativo, en el futuro, las ecuaciones daban un valor positivo, pero en el presente, eran igual a cero; es decir, lo que sucedía en el ahora, era básicamente un ya, una mínima fracción de tiempo, prácticamente ínfima; o sea, el presente era tan solo un instante.
Mientras caminaba a la universidad, Brochero se encontró un problema que jamás hubiera previsto, se trataba de que, al haberse congelado el tiempo, al llegar a un semáforo, los demás autos habían quedado también inmóviles, en otras palabras, el Camaro no podía proseguir su camino, porque no había paso. Entonces pensó que seguramente todas, o por lo menos varias calles, iban a estar así, y por lo tanto, en el vehículo no podía llegar a la universidad, entonces se bajó tranquilamente y decidió caminar hasta la UDGS, dejando el vehículo con todas sus pertenencias nuevas.
En su raudo camino, Brochero tuvo un pensamiento abstracto, referido a su teoría de las tres dimensiones temporales; en efecto, si el pasado era una ecuación negativa, que corría hacia la izquierda de la recta del tiempo, el futuro una ecuación positiva que corría hacia la derecha de la recta del tiempo, y el presente, era el cero de la recta, es decir el ahora, faltaba determinar entonces, a cuanto equivalía el cero, es decir el ya. Acaso ese ya era el segundo actual, el minuto actual, la hora actual, el día actual, la semana actual, el mes actual, al año actual, o simplemente era un lapso indefinido, determinado por un conjunto de acciones que ocurrían en la actualidad, pero lejos de una marca susceptible de medición. En eso pensaba mientras recorría la ciudad, camino a la universidad, un sendero familiar, lleno de espacios cargados de recuerdos, pero una ola de tristeza invadió su interior, al descubrir aquella ciudad, llena de gente, pero profundamente vacía, entonces una sombra inmensa llamada soledad, se apoderó de aquel lugar indeleble y lo envolvió completamente.
Finalmente, al llegar a la universidad se dirigió con rapidez a la oficina de Blasov, y paseó su escuela y su facultad, sentía que se estaba demorando mucho, y quería regresar pronto, entró a la oficina del profesor, la secretaria, siempre vigilante, pendiente de los visitantes, esta vez no pudo hacer nada para evitar que él entrara, tomó un papel y un lapicero y escribió, “Hola profe, soy Brochero, estoy aquí, dentro del agujero negro, este orificio es en realidad, un túnel del tiempo, en el que todo permanece inmóvil, y el tiempo es igual a cero, no existe el pasado ni el futuro, solo existe el presente, el ahora, el ya”. Al salir, justo en las escaleras que daban a la entrada del auditorio de la facultad, estaba la compañera suya, que tanto le gustaba, intentó saludarla, pero olvidó su nombre, entonces se le acercó y posó suavemente sus labios en los labios de ella, estampándole un beso tierno que pareció durar una eternidad.
Profundamente entristecido, esa luz inicial que parecía iluminar su camino, empezó a desvanecerse lenta y paulatinamente, y lo que alcanzó a considerar al principio, que la irrupción en la sala de su apartaestudio del extraño fenómeno, fuera su más grande golpe de suerte, debido a su intempestiva estadía en el dichoso túnel del tiempo y su inesperado hallazgo, ahora se mostraba como un trance vacío, inane, superfluo, anodino, absolutamente intrascendental. Sin personas con quién compartir sus logros, no había éxito alguno. Para qué quería tener todo a su disposición si no tenía con quién compartirlo, entonces un sentimiento de amargura comenzó a embargar su alma, y abandonó la idea del automóvil y del dinero, y las joyas, y los celulares, y los zapatos, y la ropa, y los perfumes, y los accesorios, todo ese enorme cargamento que había recogido y que reposaba en el asiento trasero del hermoso auto deportivo, que por unos momentos fue suyo, mientras la gente permanecía latente, inmóvil, impávida, impasible, perdida en el más allá del más acá.
Se devolvió por otra calle y otra carrera, para no ver a su Camaro cargado con sus cosas, ahora tan solo quería volver a la realidad, regresar a aquel orificio oscuro y estar de nuevo en el presente, así fuera para seguir sufriendo y seguir luchando, pero disfrutando la compañía de sus congéneres, de las personas de carne y hueso, que verdaderamente apreciaba. Aceleró el paso, para llegar hasta donde todo había empezado, para regresar al pasado que era su presente y construir su futuro, con dificultades y obstáculos, con tristezas, pero también con alegrías, era el momento de volver para contar qué había más allá del horizonte de eventos, y ver cómo se podía aprovechar sin el vacío de la quietud, que era semejante a la muerte.
Al llegar al punto de retorno, Brochero advirtió que el agujero negro había crecido un poco más, entonces pensó que habrían pasado tres o cuatro horas, y el diámetro del artificio medía 2,88 metros, algo extremadamente exagerado, teniendo en cuenta que había crecido mucho menos en mucho más tiempo, y se encumbró en la pesarosa idea de que el Camaro y todas sus compras habían cabido perfectamente, pero pronto se refugió en que finalmente no era algo legal ni ético. Al ingresar nuevamente al artificio para salir, el joven estudiante miró atrás para grabar en su memoria ese recuerdo lastimero y sombrío del mundo sin movimiento y sin vida, y descubrió algo que no vio cuando entró al principio, muchas palabras escritas parecidas, como la misma palabra, pero en diferentes idiomas, y al encontrarla en español la pronunció con claridad, PORTAL. El reloj señalaba las 12.36.
Según su cálculo, duró transitando el trayecto del túnel, entre el futuro y el pasado, tal vez, uno o dos minutos, pero cuando salió al otro lado, se encontró perdido, no era nada de lo que había dejado al acceder inicialmente, ahora había una capsula grande, obviamente el celular, ya no estaba, ni la bola de papel arrugado, ni el gato de Schrödinger, ni nada. Lo primero que hizo fue constatar que todo estuviera en movimiento, y al girar su cabeza, descubrió un cartel gigante que adornaba la entrada de la capsula con la foto suya del carnet de la universidad, y una frase en letras doradas que decía, “al espíritu de la perseverancia, fuente de la innovación humana”, entonces descubrió que, en realidad, habían transcurrido 60 años, desde el momento aquel en que decidió escribirle a Blasov ese papel famoso, que aún le da la vuelta al mundo, pero él seguía siendo el mismo muchacho de 20 años que quería ser ecólogo.
FIN
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