miércoles, 24 de diciembre de 2025

SERENDIPIA

SERENDIPIA Para el segundo aniversario decidieron ir a comer hamburguesas, fueron a “Donde Luigi”. A ambos les encantaban esas hamburguesas, porque además de su sabor inconfundible a piña y tártara, tenía una forma especial de preparación, el pan no se partía completamente al cortarlo por la mitad, sino que se dejaba unido en la parte final para que pudiera soportar todos los ingredientes. Después de la espléndida comida, decidieron bajar caminando de la mano, una o dos cuadras, hasta el parque San Martín. Allí se sentaron en una banca y comenzaron a dialogar. Eran felices. Coincidieron en un pensamiento que más que abstracto era maravilloso, la felicidad consistía en recordar todo lo bello que habían vivido y todo lo bello que les faltaba aún vivir. Generalmente, ese parque es muy visitado, y aquella noche fresca e iluminada de viernes, precisamente por serlo, lo era aún más. Recordaban felices las circunstancias en que se habían conocido, la misma noche de la primera estrella. Entonces repararon en la grandeza de aquella fecha majestuosa, de doble recordación y de doble celebración, para comprimirla en una sola conmemoración. En eso estaban cuando de repente, Yolanda se levanta de la banca para ir hasta el bote de basura a tirar una servilleta que traía en la mano, y una camioneta Chevrolet Captiva negra, con cuatro sujetos, el conductor y otros tres pasajeros a bordo, pasa justo en ese momento frente a ella, y se detienen ante la chica, y al verla aparentemente sola, aprovechan para lanzar toda clase de piropos, incluso de doble sentido, cosa que Roberto considera irrespeto. Como una reacción natural que se da en el mundo de los mamíferos al que finalmente pertenecemos los humanos, el macho decide impresionar a su hembra y sale a protegerla con vehemencia, pues más que una exaltación a la belleza de la mujer, lo que ve es un insulto a su condición de hombre. Empieza un forcejeo que se torna violento, Roberto se siente profundamente ofendido y considera que debe hacer valer su honor. Yolanda, atribulada ante la inesperada situación, luce desconcertada y no atina a nada, los cuatro hombres bajan de la camioneta con ánimo de golpear al novio, los visitantes del parque se arremolinan para ver el espectáculo, una pelea callejera para la que no tuvieron que pagar un solo peso. Con el ofendido en el piso, víctima de puños y patadas por parte de los cuatro, la chica saca las fuerzas propias de su condición de mujer, y logra ahuyentar a los atacantes, retirando a su hombre del combate, pero el valiente que ahora luce pálido y ensangrentado, toma su celular, y para hacer sentir su poderío, lo revienta contra el ojo derecho del conductor, estallando el globo ocular del piropero. La escena se vuelve dantesca y el caos se apodera del lugar, comienzan a llegar ambulancias y policía; y novio y novia, salen del parque y buscando la calle 45, bajan por ella rápidamente, mientras el herido sigue sangrando por la nariz. Roberto lleva a su novia a la casa, relativamente cerca, evitando tomar un taxi, debido al escándalo de la sangre. En la tranquilidad del hogar, hacen un recuento cronológico, y concluyen que no son responsables del accidentado final, lamentándose de la manera tan absurda como acabó este día que al principio lucía maravilloso, y que hubiera terminado en el mejor motel de la ciudad, de no haber sido por la altanería de los insolentes. La mujer con la ternura de una esposa abnegada, cura la nariz del hombre, y este decide partir a su casa, también relativamente cerca, para descansar de la jornada vivida. Al siguiente día, muy temprano, en la mañana, Yolanda llamó a Roberto para ver cómo había amanecido, pero él no contestó. Entonces se alistó para ir al trabajo, y se refugió en la idea de que ya allá en el trabajo, lo llamaría de nuevo y hablarían con más calma, aunque ella sabía que a primera hora él tenía una reunión de trabajo, que era muy importante, pues se trataba de establecer una alianza estratégica con unos proveedores nuevos, que seguramente iba a representar grandes oportunidades de negocio para la empresa en la cual trabajaba, y quería hablar con él antes de entrar a dicha reunión. Más tarde lo llamó y tampoco le contestó. Le marcó cuatro veces, “como manda la Constitución Nacional”, y no hubo respuesta. Le escribió por Telegram, y tampoco le respondió. Se refugió entonces en la idea de que, ante la inusitada importancia de la reunión, sus jefes le hubieran obligado a mantener el celular apagado, o que él mismo, temiendo alguna situación inoportuna, hubiera decidido unilateralmente desconectarse. Fue el preciso instante en que Yolanda recordó que el celular había quedado en manos de los atacantes, pues cuando Roberto lo lanzó a la cara del conductor, este rebotó y quedó junto a ellos. Entonces se sintió más tranquila, pues sabía que la falta de comunicación se debía más bien a falta de celular. Con toda seguridad, él se comunicaría más tarde con ella, desde un celular prestado o desde uno nuevo que hubiera comprado. No quedaba otra opción que esperar. Y eso hizo, esperó una comunicación con su amado, comunicación que nunca llegó, a las seis de la tarde empezó a desesperarse. Al terminar su jornada laboral, salió rumbo a la casa donde él tenía una habitación en arriendo, e inquiriendo a la dueña de la casa por su novio, ella le dijo que ese día no lo había visto, que lo vio salir el día anterior muy bien vestido y perfumado, pero que después no lo volvió a ver. La angustia se apoderó de Yolanda. La repentina desaparición de Roberto coincidió con la noticia que estaba dando vueltas por todos los medios informativos y las redes sociales, donde decía que un peligroso narcotraficante conocido con el alias de “Muerte Apestosa”, había sido gravemente herido en lo que al parecer se trató de un ajuste de cuentas entre dos peligrosas bandas rivales. Cuando Yolanda vio la imagen del narcotraficante en mención no tuvo dudas de que era el mismo que la había abordado de manera soez en el parque San Martin y cuyo honor había sido restablecido gracias al valor de su enamorado, y si en algún le surgieron dudas, estas se disiparon con la información de que el tal había perdido un ojo, tras un ataque con sofisticadas armas de fuego. Los medios y las redes habían elaborado una historia que despertaba el interés de la gente, pero no era verdadera. Ahora Roberto estaba en la mira, señalado públicamente como jefe o miembro de una banda que hacia parte de una gran red internacional del crimen organizado, y que estaba siendo buscado por los organismos de seguridad del Estado, pero se quedó atónita cuando se descubrió a sí misma como la acompañante del “capo”, y la presentaba como una criminal altamente peligrosa. Entonces comenzó a recibir tantas llamadas de tantas personas que optó por apagar el celular, para evitar caer en la desesperación, a sabiendas de que a su vez, esto iba a imposibilitar la comunicación con su amado. Todo se complicó con la muerte del supuesto narcotraficante, que en realidad era el conductor de la camioneta. Tras haber perdido el ojo derecho, su tardía atención médica, provocó una infección repentina, que desembocó en una sepsis que se apoderó rápidamente de sus órganos vitales, hasta causarle la muerte. El individuo era un ciudadano extranjero, y su país natal presentó una nota de protesta, retiró su cuerpo diplomático, y amenazó con duras represalias, incluso militares, si el responsable de tan atroz crimen, no era hallado y castigado con todo el rigor posible. No habían pasado 48 horas del infausto suceso y las consecuencias habían alcanzado graves repercusiones internacionales. Los medios masivos de comunicación hacían eco exagerado de la situación y el cubrimiento de la noticia era permanente; no en vano, ahora todos los medios, fueran prensa, radio, televisión o internet se enfocaban en esa noticia, y no porque no hubiera otra, sino porque era la que realmente despertaba interés en la gente. Ni qué decir de las redes sociales, la gente escroleaba su celular constantemente, con la idea de encontrar más información sobre el caso, y entre más cruda fuera, más compartida era, más gustos recibía y más reacciones generaba. Un lio de faldas se había convertido en el pretexto ideal para armar una trama de misterio que estaba a punto de propiciar un conflicto internacional. Lo único cierto hasta el momento era la desaparición de Roberto y la muerte del atrevido. La situación se presentó en un escenario ideal para los gobiernos de los dos países, que en ese preciso momento enfrentaban graves escándalos de corrupción, y por eso, dispusieron de todos los recursos financieros y logísticos para que los medios y las redes de cada país se centraran en el crimen de “Muerte Apestosa” y el ataque de sus secuaces por parte del cabecilla de otra banda armada y su misteriosa acompañante. De repente, el caso dio un giro inesperado, y tras la desaparición de Roberto, Yolanda se convirtió en el centro de interés, ya que, por obvias razones, sobre ella recaía ahora la investigación, como testigo, cómplice y coautora del homicidio. De esta manera la mujer, que hacía apenas un par de días, era tan solo una mujer enamorada pasó a ser la peligrosa instigadora de un atroz crimen que estaba a punto de llevar a la guerra a dos países hermanos. A esta altura, a la feliz novia que dio inicio a la tragedia ya no le importaba el destino de Roberto, a medida que fue evolucionando la situación, ella se fue apropiando del contexto de la noticia, y consideró que no todo fuera un invento de medios y redes para tener algo interesante de qué hablar, sino que detrás de todo esto, efectivamente había algo de cierto, y que, por lo tanto, lo más probable era que Roberto hubiera sido asesinado por la tal banda. Pensó que no tenía nada de qué temer. Puesto que no debía nada, iba a esperar cómo evolucionaba esta burda historia, para defenderse. Precisamente se estaba concentrando en eso cuando cruzó por su mente el celular de su novio. Ese maldito celular contenía la verdadera causa de su preocupación, ya no importaba Roberto ni el tuerto, ni siquiera que estallara la guerra, no era problema de ella, necesitaba salir corriendo cuanto antes, porque en ese celular estaba contenida toda su trayectoria como pareja blizz, hacía apenas un año, habían iniciado con Roberto un viaje misterioso por el universo swinger, aterrizando en el mundo blizz, y en ese celular, y no en el de ella, residían las fotos, las imágenes, los videos, los audios, de su vida real. FIN

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